Hubo un momento en el que comprar un CD era algo tan normal que nadie se planteaba si algún día dejaríamos de hacerlo.
Entrabas en una tienda, buscabas el disco que querías, pagabas tus 15 o 20 euros y te marchabas a casa con una caja de plástico que, en aquel momento, parecía tecnología punta.
Durante años el CD fue prácticamente sinónimo de música. Hasta que Internet empezó a cambiar las reglas del juego. Primero llegó el MP3 y la posibilidad de llevar cientos de canciones en el bolsillo. Después llegaron las descargas, las redes de intercambio y aquella época gloriosa en la que nuestro ordenador podía tardar tres días en descargar una canción de cuatro minutos. Y cuando todavía estábamos intentando entender qué demonios era todo aquello, apareció Spotify y nos convenció de que quizá no necesitábamos tener la música para poder escucharla.
El CD pasó de ser el futuro a convertirse en ese objeto que tus padres guardaban en cajas mientras tú les decías que algún día deberían tirarlos porque «ya no servían para nada».
Bueno.
Quizá fue un poco precipitado.
Porque en 2026 está pasando algo bastante extraño: el CD vuelve a crecer.
No está recuperando el lugar que tuvo en los años 90 y principios de los 2000. No está destronando al vinilo. Y desde luego Spotify no está haciendo las maletas.
Pero millones de personas siguen comprando discos compactos.
Y algunas de ellas son jóvenes que ni siquiera habían nacido cuando el CD dominaba las estanterías de las tiendas de música.
Entonces la pregunta interesante no es si el CD está volviendo.
La pregunta es mucho más interesante:
¿Para qué queremos un CD en 2026?

El CD que nunca terminó de morir
Para entender lo que está pasando tenemos que empezar por una pequeña dosis de realidad.
El CD está creciendo, sí.
Pero comparar las ventas actuales con las de su época dorada es como comparar una Game Boy con una Steam Deck y decir que ambas son «consolas portátiles»: técnicamente cierto, pero nos estamos dejando unas cuantas cosas por el camino.
En España, durante 2025 se vendieron alrededor de 1,67 millones de CDs, generando unos 12,6 millones de euros. La cifra supone un crecimiento del 9,1% respecto al año anterior.
Pero ahora viene el dato que nos coloca en perspectiva.
En 2001 se vendieron en España más de 71 millones de CDs.
Sí.
Setenta y un millones.
Frente a los 1,67 millones actuales.
El volumen actual está aproximadamente un 98% por debajo del máximo de 2001.
Por eso sería bastante exagerado afirmar que el CD está recuperando su antiguo reinado.
Lo que está ocurriendo es otra cosa.
El formato está encontrando una segunda vida después de haber dejado de ser imprescindible.
Y precisamente ahí está lo interesante.
PROMUSICAE — mercado de la música grabada en España
El mercado físico está creciendo
Los datos españoles más recientes son todavía más interesantes.
Durante el primer semestre de 2026, el mercado físico de música grabada creció un 20,3%.
El vinilo creció un 27,7%.
Y el CD…
un 4,3%.
Mientras tanto, el mercado digital continúa dominando de forma aplastante. El streaming sigue generando la mayor parte de los ingresos de la música grabada en España y las suscripciones continúan creciendo.
Es decir, no estamos viviendo una guerra entre el CD y Spotify.
Más bien estamos descubriendo que pueden convivir.
Spotify sirve para escuchar prácticamente cualquier cosa que se nos ocurra.
El CD sirve para tener ese disco.
Y parece que esa diferencia importa.
PROMUSICAE — primer semestre de 2026
Y entonces ocurre algo raro: los jóvenes compran CDs
Aquí es donde la historia se pone interesante.
Porque si hablamos de personas que compran CDs porque recuerdan cuando los CDs eran lo normal, podemos entenderlo.
Nostalgia.
Coleccionismo.
Recuerdos.
«Este disco lo compré cuando tenía 17 años».
Hasta aquí todo normal.
Pero ¿qué ocurre cuando alguien compra un CD de un artista que descubrió en TikTok?
Ahí la explicación de la nostalgia empieza a quedarse un poco corta.
En Estados Unidos, Luminate registró 16,3 millones de CDs vendidos durante el primer semestre de 2026, un crecimiento del 16% respecto al mismo periodo del año anterior.
Y hay un dato especialmente curioso: aproximadamente la mitad de los compradores de CD de Gen Z y Millennials no tienen reproductor de CD.
Párate un segundo.
Comprar un CD.
No tener dónde reproducirlo.
Algo no cuadra.
O quizá sí.
Luminate — Midyear Report 2026
¿Qué demonios está comprando entonces esa gente?
Aquí es donde creo que está la verdadera historia.
Durante décadas el CD fue principalmente un medio para escuchar música.
Comprabas un CD porque necesitabas el CD para escuchar el álbum.
En 2026 puedes escuchar ese mismo álbum desde Spotify, Apple Music, YouTube Music o cualquier otro servicio.
Por tanto, si alguien compra un CD pero no tiene reproductor, quizá no esté comprando solamente música.
Está comprando un objeto relacionado con la música.
Y eso cambia completamente la película.
Puede estar comprando la portada, el libreto, una edición especial, una photocard, una firma, una pieza de colección, un recuerdo de un concierto, merchandising, una manera de apoyar al artista o simplemente algo que quiere tener en su habitación.
El CD ha pasado de ser solamente un formato de reproducción a convertirse también en un producto cultural.
El K-pop entendió esto antes que nadie
Si queremos entender esta transformación tenemos que hablar de K-pop.
En el K-pop, un álbum físico puede convertirse en una auténtica caja de coleccionista.
El CD puede venir acompañado de un photobook, photocards, pegatinas, pósteres, diferentes portadas, diferentes versiones y objetos exclusivos.
El disco compacto está ahí.
Pero casi parece el invitado de honor que llega tarde a su propia fiesta.
Un buen ejemplo es el material físico de BTS, donde diferentes ediciones incorporan photobooks, photocards y otros elementos de colección.
Y esto explica en parte por qué el CD puede seguir siendo tan útil para la industria.
Fabricar diferentes ediciones de un CD es mucho más sencillo y barato que fabricar múltiples versiones de un vinilo.
El CD se convierte así en una herramienta perfecta para el fandom.
El CD no es necesariamente nostalgia
Esta es probablemente una de las ideas que más me interesan de todo esto.
Cuando alguien de 45 años compra un CD de Dire Straits puede existir un componente nostálgico evidente.
Pero una persona de 17 años que compra un CD de Olivia Rodrigo no está recuperando su adolescencia.
Está comprando algo que forma parte de su presente.
Eso es diferente.
En Reino Unido, estudios realizados por Key Production encontraron una presencia significativa de formatos físicos entre consumidores jóvenes.
Pero aquí conviene poner una pequeña nota al margen: Key Production pertenece al propio sector de la fabricación de música física, por lo que sus datos son interesantes como indicador, pero debemos evitar convertirlos en una fotografía definitiva de toda la población británica.
Key Production — Gen Z y música física
La conclusión más prudente sería que el interés por los formatos físicos no pertenece exclusivamente a las generaciones que crecieron con ellos.
El precio puede ser una de las claves
Aquí aparece una ventaja del CD que muchas veces olvidamos.
Es barato.
O, al menos, puede serlo.
En Reino Unido, durante el primer semestre de 2026, el precio medio de un CD rondaba las 12,24 libras, mientras que el vinilo se situaba alrededor de las 29,03 libras.
La diferencia es considerable.
Music Week — ventas físicas en 2026
En España podemos encontrar fácilmente CDs nuevos en la franja de los 12-20 euros, mientras que un vinilo nuevo suele tener un precio considerablemente superior.
Y eso convierte al CD en algo bastante interesante:
una puerta de entrada barata al coleccionismo musical.
Por el precio de un vinilo puedes comprar varios CDs.
Y si nos vamos al mercado de segunda mano, la diferencia puede ser todavía mayor.
El mercado de segunda mano es otra historia
Aquí el CD juega con ventaja porque existen millones de unidades fabricadas durante décadas.
Puedes entrar en una tienda de segunda mano con 20 euros y salir con una pequeña colección.
Un vinilo original raro puede costar una fortuna. Ese mismo álbum en CD puede costar unos pocos euros.
Y esto está creando una curiosa situación.
El CD puede ser simultáneamente un objeto retro y una forma barata de descubrir música.
En algunos casos incluso puedes comprar discos por menos de lo que cuesta una mensualidad de Spotify.
Eso sí que es retroeconomía.
The Guardian — jóvenes y reproductores de CD
Pero el vinilo sigue siendo el rey del coleccionismo
Aquí tampoco vamos a engañarnos.
El vinilo tiene una fuerza cultural enorme.
En España representa la mayor parte del mercado físico y continúa creciendo con fuerza.
A nivel mundial, IFPI registró en 2025 un crecimiento del 13,7% del vinilo, frente al 3,7% del CD. El mercado físico completo creció un 8%.
El streaming, por su parte, representa alrededor del 70% de los ingresos mundiales de música grabada.
El CD no está ganando esta batalla.
Pero tampoco parece que quiera librarla.
Está ocupando otro espacio.
IFPI — Global Music Report 2026
CD, vinilo y cassette: tres formas diferentes de escuchar
Podemos tener un disco compacto que ocupa muy poco espacio y se reproduce con enorme facilidad. Podemos tener un vinilo grande, visual y lleno de ritual. Y podemos tener un cassette que probablemente necesite un pequeño golpe en el lateral cuando empiece a sonar raro, porque algunas tradiciones nunca deberían desaparecer del todo.
Los tres son formatos físicos.
Pero no ofrecen exactamente la misma experiencia.
Y quizá este sea uno de los motivos por los que pueden convivir.
El vinilo tiene ese componente casi ceremonial de sacar el disco de su funda, colocarlo, bajar la aguja y darle la vuelta cuando termina la cara A.
El cassette tiene su propia liturgia, con sus carátulas pequeñas, sus cintas que pueden acabar dentro del reproductor y esa posibilidad siempre presente de tener que rebobinarlas con un boli.
El CD, en cambio, es probablemente el más práctico de los tres.
Abrir, introducir, pulsar y escuchar.
Y quizá esa sencillez sea precisamente una de las razones de su supervivencia.
La otra sorpresa: vuelven los reproductores
Ahora viene una parte que me encanta.
Porque si el CD solamente estuviera sobreviviendo como objeto decorativo, sería una historia.
Pero hay algo más.
Se están fabricando reproductores nuevos.
No hablo de rescatar un Discman de un cajón.
Hablo de productos diseñados y vendidos en 2026.
Cambridge Audio mantiene actualmente reproductores como el AXC25 y AXC35.
Cambridge Audio — reproductores de CD
FiiO, por ejemplo, ha llevado el concepto todavía más lejos con el DM13, un reproductor que combina CD, Bluetooth, USB, DAC, salidas digitales, salida de auriculares, batería e incluso extracción de CDs a archivos WAV.
Y fabricantes como Shanling también mantienen reproductores de CD modernos con Bluetooth, USB, DAC y múltiples salidas.
Es decir:
el reproductor de CD del siglo XXI no intenta ser un reproductor de 1998.
Intenta ser un aparato moderno que casualmente utiliza discos.
Y algunos jóvenes están comprando reproductores
Aquí aparece otro dato curioso.
The Guardian informó en agosto de 2026 de un aumento del interés por los reproductores de CD entre consumidores jóvenes.
John Lewis llegó a registrar un 96% de incremento en búsquedas de reproductores de CD durante el periodo analizado.
The Guardian — jóvenes y reproductores de CD
John Lewis — tendencias de audio 2026
Esto es importante porque significa que no estamos hablando únicamente de «tengo un CD porque queda bonito en la estantería».
Algunas personas están recuperando también el acto de reproducirlo.
Y eso ya es otra historia.
¿Por qué alguien querría escuchar un CD teniendo Spotify?
Esta es posiblemente la pregunta central de todo el artículo.
Y no existe una única respuesta.
Quizá quiera desconectar.
Un CD no necesita móvil, notificaciones, recomendaciones, algoritmo ni conexión a Internet. Metes el disco, pulsas play y ya está.
Es casi sospechosamente sencillo.
Quizá quiera escuchar un álbum.
Spotify está diseñado para que encontremos música, mientras que un CD nos invita a escuchar ese disco. De principio a fin. Con sus canciones buenas, sus canciones malas y esa pista número 7 que nadie recuerda pero que resulta que es la mejor.
Quizá quiera poseerlo.
En Spotify no posees el disco. Tienes acceso a él mientras esté disponible en el servicio.
Un CD sigue siendo tuyo.
Acceso frente a propiedad
Creo que aquí está una de las claves culturales de todo el fenómeno.
Durante los últimos años hemos pasado de comprar cosas a tener acceso a cosas.
Películas, series, videojuegos, música, libros… cada vez más contenido vive en servicios que utilizamos mientras pagamos por ellos.
Es increíblemente cómodo.
Pero también significa que cada vez tenemos menos objetos relacionados con nuestras aficiones.
Y ahí aparece el CD.
No necesitas un CD.
Precisamente por eso puede resultar atractivo.
Es un objeto físico que representa algo que te importa.
Una pequeña pieza de tu identidad.
El CD como recuerdo
Imagina esto.
Tienes 16 años. Vas a un concierto. Ves a tu artista favorito y compras el CD.
Lo llevas a casa y lo colocas en una estantería.
Quizá ni siquiera tengas reproductor.
Dentro de diez años probablemente no recordarás qué canción escuchaste aquella tarde en Spotify.
Pero probablemente recordarás aquel concierto.
Y tendrás el CD.
Ese objeto funciona como una especie de fotografía física de una afición.
Y eso explica por qué el formato físico puede tener un valor que va mucho más allá de la calidad de audio.
Los artistas también lo han entendido
Los nuevos lanzamientos muestran claramente esta transformación.
Olivia Rodrigo comercializa actualmente ediciones en CD con packaging especial y material adicional.
Tienda oficial de Olivia Rodrigo
David Bisbal vende ediciones limitadas firmadas.
Tienda oficial de David Bisbal
Y artistas como Álvaro de Luna ofrecen CDs acompañados de postales firmadas.
Tienda Warner Music — Álvaro de Luna
El disco compacto se está convirtiendo así en algo parecido a:
música + merchandising + recuerdo.
Incluso los grandes artistas siguen apostando por él
U2 ha anunciado Carnaval de Luz, su primer álbum en casi una década, para noviembre de 2026.
Y sí:
habrá CD.
También vinilo y diferentes ediciones.
Eso nos recuerda algo importante:
el CD nunca desapareció completamente.
La industria simplemente dejó de necesitarlo como principal vía de distribución.
Ahora lo utiliza para otra cosa.
Entonces… ¿está volviendo el CD?
Sí.
Pero probablemente no de la manera que imaginábamos.
No vamos a volver a 2001.
No vamos a llenar nuestras ciudades de tiendas de discos.
No vamos a abandonar Spotify para volver a llevar una carpeta con 40 CDs en el coche.
Bueno…
alguno de nosotros quizá sí.
Pero estadísticamente no apostaría por ello.
Lo que está ocurriendo es más interesante.
El CD ha dejado de ser necesario
Y precisamente por eso vuelve a ser especial.
Cuando era la única forma práctica de comprar música, era simplemente un producto.
Hoy es una elección.
Puedes escuchar el disco mediante streaming sin comprarlo, pero decides hacerlo.
Puedes escuchar millones de canciones, pero decides tener una.
Puedes llevar toda tu biblioteca musical en el móvil, pero decides guardar una pequeña caja de plástico en una estantería.
Eso cambia completamente su significado.
Quizá el CD no esté volviendo
Después de todo este viaje, hay una conclusión que me parece mucho más acertada que decir que «el CD está de moda otra vez».
El CD no está recuperando el trono.
No está derrotando al vinilo.
No está acabando con Spotify.
Y tampoco estamos regresando a 1995.
Está encontrando una nueva función.
Es barato, pequeño, coleccionable, físico y relativamente fácil de conseguir. Tiene décadas de catálogo, los artistas siguen publicándolo y los jóvenes también lo compran. Y, sorprendentemente, algunos incluso están comprando reproductores para volver a escucharlo.
Quizá el CD no haya vuelto.
Quizá simplemente nunca necesitó desaparecer.
Y quizá la verdadera pregunta que deberíamos hacernos no sea por qué alguien compra un CD en 2026.
Sino:
¿Por qué hemos vuelto a necesitar objetos para representar las cosas que nos gustan?
Y eso…
ya es otra historia.
Fuentes
PROMUSICAE — mercado español de música grabada 2025
PROMUSICAE — primer semestre de 2026
IFPI — Global Music Report 2026
Luminate — Midyear Music Report 2026
Luminate — compradores de CD y reproductores
BPI — mercado físico británico 2025
Music Week — ventas físicas H1 2026
The Guardian — jóvenes y reproductores de CD
Ministerio de Cultura — Estadística de hábitos y prácticas culturales